domingo, 12 de diciembre de 2010

Dulces sueños.yolandavalenzuela.(parajes de una desconocida ) mitos, rimas y leyendas


Desvariando una vez mas solo podía decir que la decepción era tan clara como espesa en su cabeza, su corazón seguía herido de muerte esperando el momento para salir de su oscuridad.

No sabía que mas hacer para salir de esa situación que le quemaba el alma, ilusiones que no valían nada, ilusiones que no le servían, que no le alentaban que ni siquiera la alimentaban como ayer.

Quería romper con todo, abrir un proyecto y realizarlo, funcionar como una persona normal, sin tropezarse tanto con las mismas piedras.

Las sabandijas que le rodeaban querían a toda costa su cabeza, como un trofeo esperaban a verla caer, esperaban su fracaso público, esperaban enterase de su verdad para luego escupir mas mierda sobre su boca.

Miserables, desquiciadas, celosas de lo que no podían ser, asquerosas en toda su esencia, su veneno no le hacía daño porque ya no le afectaba, esperaba que dios les diera su merecido, que ellas también cayeran como ella había caído, que sufrieran y supieran que nadie se quedaría con nada de nadie, porque sabía que dios era tan justo como ella inútil.

Ahora era el momento de necesitar un aliento, algo que esperaba y deseaba desde hace mucho tiempo, la oportunidad que salvaría su vida y que no sería por un momento.

Desorbito un concierto que ya había organizado, sin canción de cuna, sin esperanza de hacer lo que en realidad se quería, concentrando la fuerza que le quedaba en el sentimiento que tenia dentro, conservándose al vacío.

Abriéndose la cabeza ante tanta injusticia, organizándose como podía sin querer insistir demasiado en el hecho de valorarse, si se asomaba a la ventana, si le bendecían por fuera, ya no se caería dentro de ella la gota que colmaría el vaso.

Hacer lo que debería, lo que no le sentaba bien, alguien intentaba robarle el cuerpo para deshacerse del resto como si fuera un montón de paja.

Alguien parecía sentir celos de lo ajeno, pero ella no hacía caso a las cucamonas absurdas de inútiles sin esencia, la especie que velaba al hombre sin costura, la que no creció o la que le faltaba crecer, el que era experimentado, el que creía serlo, el que no lo era.

Dulces sueños en su casa, dulces sueños en su cama, solo con cara de melancolía, solo con cara de desespero, solo deseaba su cuerpo, solo quería probar en el intento, comenzaba como debía a finalizar a costa de un concierto un desconcierto a su pesar.

Tan limpio, tan “huele bien” tan pulido, tan delicado, con formas infinitas, leguas de viajero con sueño de niño y pena de viejo.


Yolanda Valenzuela

*Extraído de (parajes de una desconocida ) mitos, rimas y leyendas Pág. 08
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