jueves, 25 de julio de 2013

0,7 En su vida.Yolanda Valenzuela


Viajó en preferente por error, espero el beneplácito, se conservo a su lado de alguna manera, sus defectos no comieron de sus virtudes, no se supo qué hacer con todas ellas, si lo hubiera sabido hubiera sido el más feliz de los felices.
No se revolvió en su sola tumba, era muy ambicioso prefería saltar de fosa a fosa, perdió y dentro de esa decepción se convirtió en 8…

Fue muy hermoso, muy hermoso tanto que convenció de que su belleza era un oasis y los demás un espejismo soso de él, permitió la humillación como lujo por desfachatez por chulería, llamó desganándose, fue para atrás porque creía que así podría ir hacia adelante con más fuerza.
Solitud se dio para vivir mejor, la situación era clara y el conciso, escribió un libro a su manera, se fue todo al carajo y solo nombraba por arte de magia, ilusiones efímeras que se le escaparon entre los dedos, hubo gente más lista que tuvo todo los privilegios.

La melancolía le creció como mala hierba, brotando de sus ojos, de su pene, de su boca, intentando atrapar una y otra vez con sus manos de mostrenco, dentro del habito la crueldad subterránea, fuera se oye un mantra que repetía un padre a sus 3 hijos:

- El fracaso me hizo aprender.
Dentro de su hemisferio estuvo muy ubicado, le dieron tanto asco las gaviotas como Alberti, desesperó en ella, la desespero también, estuvo en perpetua fabula constantemente, cautivado, no fue suficiente para acabar de leer su cuento hasta el final sin poder evitar la gran caída de su sustancia.

Le echo templanza, puso un 0,7 en su vida, probó todas sus drogas, las deleito como músculo sagrado en un recreo para dioses, despertó colgado en algún punto de una casa, juicioso, capaz, tenue, vivo como el sol de la toscana, la perdió pero ella en realidad nunca fue suya, nunca supo la verdad, aunque ella lo hizo guarida.
Solos como en todas partes, agregó personajes al castillo, sintiendo encierro, se volvió un penoso un triste de corazón, vagó en la noche mendigando un poco de amor, ni consiguió ni pan ni uranio, sazonó exageradamente hasta agotar todas las salsas hasta estomagar al más hambriento hasta ahogar a la más sedienta.

Yolanda Valenzuela
*Extraído de (Estancias) Relatos y otras mandangas Pág. 27
A todo/as los petardos perdedores, enhorabuena ya podéis copiarme, gratis y sin censura.
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