martes, 23 de julio de 2013

Repitiendo el mismo guiso.Yolanda Valenzuela


Ya no ve el relámpago que descubría la noche que le hacia crecer a lo largo, a lo ancho, como una capa densa se extendía en su piel, sus extremidades cual quimera entre sus piedras le hacían enloquecer, se moja entre sus piernas se siente como carne débil.
Deslucido, infamado, a la plancha, abrázame como si no hubiera mañana, como si no tuvieras equilibrio le dijo el viento…

A través de pequeños renglones se va fraguando las grandes desgracias, en un período fortuito en un tiempo afortunado, la crueldad pasa por estar ahí presente con todo lo bueno, con todo lo malo, como en un accidente por accidente chocara con su peñón en Gibraltar, es tan difícil que bloqueo todos los síntomas pana no oírla, para no atenderla, para ver si realmente merece la pena.

Ahora está seguro de que lo que quiere igual ya no le conviene tanto porque ya desde el principio ha entrado ofendiendo, haciendo daño…

No podía dejar ni un instante de darle una oportunidad, conservando como un tesoro todos los datos recaudados hasta ahora, una bajada de temperaturas a estabilizado los grados que se resguarda bajo una seguridad estúpida, cuando acabe con esta apatía tan horrible se ceñirá al plan que ha acordado desde el principio para ser feliz.
Quiere algo que ella no sabía si podía darle y lo quería con esclavitud, a veces pensaba que se había metido en el gran lio de su vida, otras pensaba que se la había devuelto del todo de una vez por todas, en una mezcla que no entendía y que le recordaba tanto a lo que había visto y oído tantas veces.

Roto en todo su asombro se encontraba ante tanto hechizo…

Cuento de hadas que pasara por el de la manera más cautelosa y prudente posible, presidiendo el minuto penetrante de su gansería inservible, se comerá la cazuela repitiendo el mismo guiso una y otra vez intentando sobrevivir con todo ello.

Y con cierta tensión e incertidumbre se aventuran a eso, del uno para el otro, del otro para las demás de la una para todos…
Tan rápido, profundo, le bastaría pestañear para hacer del camino una gran recompensa, es tan maravillosa que ni en cien mil años podría cansarse de mirarla, sus detalles infinitos de larga espera, la decencia que ahí tras de él, convertirla en suya para darse cuenta que todo lo que le rodea es mágico e irreal.

En un gran conjuro se perderá, su tren se parara en su estación para quedarse a vivir en ella, para compartir con él un nuevo destino, una nueva vida, lejos de toda esta indolencia irracional del querer continuar aferrándose a lo que tarde o temprano tenía que perder.
Yolanda Valenzuela
*Extraído de (Estancias) Relatos y otras mandangas Pág. 26
A todo/as los petardos perdedores, enhorabuena ya podéis copiarme, gratis y sin censura.
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