miércoles, 9 de septiembre de 2015

La Importancia de LLamarse Estuarda . Yolanda Valenzuela . La admiracion de los Idiotas



Esto que te cuento ocurrió en un lugar tan remoto y hace tanto tiempo que ya casi no me acuerdo.


Era una época donde las lluvias de estrellas eran habituales pero casi siempre estaba cerrado.


Había una temperatura perfecta y el mundo era bastante ordinario, un crío cuidaba a otros críos, imagina el resultado.


La cuna de judas se llamaba a ciertas torturas, las almas estaban lacradas….


Si te mordían las ratas, creían que estabas poseído por el Demonio, un tiempo sin duda delicioso para cualquiera.


Podían contagiar la rabia y practicaban exorcismos para combatirla, la ignorancia como la envidia, igual de mala.


La soledad ayuda a ver las cosas más claras o eso dicen que se lo pregunten a Estuarda, mujer que relucía como un lucero.


Su apetencia no tenía freno, castró al amante de la Reina y lo dejo vivo para que siguiera sirviendo al Rey.


En la corte todo el mundo la respetaba, a nadie le gusta la lluvia sino tiene amor, no todas las cosas tienen por qué tener su utilidad.


Ella se la encontraba siempre, por eso era venerada, no hay nada más admirable que aquel que con sus acciones manifiesta que ha cambiado.


Estuarda reclutaba a los hombres de buen hacer y les daba una misión a cumplir, les ayudaba a dar el primer paso para recuperar su imperio.


Muchas veces se equivocaba, se regía por el olfato y todos los que olían a comida eran sus elegidos.


Muchos de ellos tenían un olor tan fuerte que tenían a todos los perros del arrabal en el portón, era una privilegiada.


Contaba cosas que a nadie le habían pasado nunca y eso la convertía en leyenda,  lo que nadie sabía que ….


Allí anduvo a lo loco sin saber donde posaba sus pies, hasta que encontró el bien preciado que buscaba sin aliento, entre unos matorrales secos al lado de un lobo muerto.


Ese bien preciado era la bondad fuera de condición, de sexo y de poder…


No se quedó sentada junto al ardor esperando como una vieja para demostrar que esa dicha en el hombre existía.


No se sometió a más humillaciones por ser una desheredada, perspicaz con ideas y sueños que cumplir.


Salió al campo de batalla y lucho, demostrando que era la mejor, la inquisición no espera, como ella condenaba sin más.


Era fuerte sabia que todo había pasado porque por fin pudo olvidar la última vez que beso a quien la traicionó.


Asumir su destino era ahogarse así que nunca bajo los brazos, lo que importa no es la técnica sino luchar con valor, desahogarse.


Tener una lujuria sana y un desenfreno que haga de los pecados de la carne levedad porque al fin y al cabo los peores eran los del alma.


Se la cuidaba con el mismo esmero que su cabello, centenares de fiestas paganas la abalaban sabía lo que se hacía.


Conocía su rostro en otras vidas, antes torturaban a la gente obligándola a beber agua hirviendo, mujeres de raza murieron.


Las lánguidas sobrevivieron, no pudo evitar que muchos hombres murieran sin luchar tampoco…


Rogar era el único socorro de los que sabían esperar, los serafines enviados por dios estaban castrados solo servían para cantar.


Eran menos fiables que un nublado, como era raro que un gusano discriminara en cuanto empezará  a mover el bigote.


Dejo que todo se lo devorarán, amo del génesis hasta el apocalipsis y todavía su estigia continua en mí.


No pienso defraudar a mi sangre que para eso es mía, instigando hasta el fornicio, cambia las cosas con la razón no con la violencia.


La mejor manera de cumplir los objetivos es hacerlo uno mismo y así dispuso su voluntad, había vacas que daban mala leche.


Mientras las excéntricas proporcionaban cabellos, hacían túneles a bocados para que hubiera un poco de sosiego.


Excusas explotadas y más sucias que el colchón de una mancebía, su trabajo seguía siendo ver más allá de los ojos de la gente.


Aunque esa gente tenía edad suficiente para tomar sus propias decisiones era una lástima que fueran tan estúpidas.


Fornicaba en la casa de dios , yacía en lugares sagrados como si fueran un vulgar burdel porque eso le daba aun mas poder .


No se escondía como una rata como hacia otros, su casa era nobiliaria y procuraba enamorarse cada día de un Rey.


Ya no sabía en qué lugar del cuerpo tatuarse su nombre para que se asentara, se propagase…


Consciente que la vergüenza ajena no tenía por qué ser la suya, no oculto su bondad con todos sus pecados.


Sus Ansias y ambiciones expuso, abiertas al mundo para que la condenaran y la juzgaran sin piedad.


No quería reconocimiento, quería verdad y todavía a día de hoy recibe latigazos por ello….


Si un hombre no sabe que es lo que tiene que hacer para ser bueno y ella lo condenaba  es lo mismo.


Si dios le quita el aliento y la fe a alguien que lleva toda la vida creyendo en él, es lo mismo también.


Todavía la recuerdan porque al ser una leyenda todo el mundo la mienta…

*Extraído de ( La Admiración de los Idiotas ) Pág. 01. Yolanda Valenzuela
Fase 2 “ Dámelo Todo “


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