viernes, 24 de abril de 2015

103 . Yolanda Valenzuela (Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos Pág. 24)

En ese trayecto que vamos pasando, agotados, esperanzados, abiertos, dispuestos, creyentes e insistentes….

Nos pasamos toda la vida intentando asegurarnos una estabilidad material, nos pasamos la vida intentando alcanzar el autentico compromiso que nos llene de verdad.

En fin, nos pasamos la vida y nada llega, nada se asienta, nada crece y poco se compromete.
Cachitos de ilusión, todos soñamos con un mundo mejor donde nada se mueva y todo permanezca en su lugar.

Porque en el centro de toda materia existe una conciencia de la eternidad, del todo es para siempre, del “Esto no se gastará”

La gente que consigue la estabilidad demasiado pronto no la sabe valorar y la gente que la consigue demasiado tarde no le queda vida para disfrutarla en toda su totalidad.

¿Donde y cuando esta el término medio que tantos ansían tener?

El espíritu de la materia igual está oculto pero siempre está activo, aunque mejor no consultes tu saldo ni mires en tus bolsillos.

Donde no se riega no florece, sino plantas, sino abonas, no tienes, no generas nada, todo está vacío y nunca crecerá nada de él.

Hoy en día vivimos limitados, totalmente castrados, ya nadie se acuerda de todo el dinero que ganaron en los 90 en las primeros años del 2000, yo sí….

Ahora que todos luchamos por sobrevivir en un mundo de cartón que si se moja desaparece, somos conscientes que hubiera sido mejor en general ser más previsores pero claro éramos demasiado jóvenes e inconscientes y andábamos como muy drogados.

He visto a gente que jamás hubiera pensado caer con todo el equipo en una espiral de ruina sin fin, nunca tuve un gran sentido maternal pero igual gracias a eso todavía puedo permitirme respirar y soñar con que algún día las cosas cambiaran.

La prosperidad total llega cuando el dichoso espíritu de la materia y el espíritu de lo propiamente espiritual interactúan es ahí donde se engendra, ni antes, ni después.

La verdadera riqueza, la salud, la felicidad en el hogar, la estabilidad y el compromiso es algo que todos queremos tener bien sujeto, pegado a nuestras vidas, en un afán de posesión protegerlo y hacerlo enteramente nuestro.

Todo lo citado es la autentica realización cadenciosa de todas nuestras necesidades vitales y quien diga lo contrario MIENTE.

La plenitud vacía no existe, aunque hay quien se la inventa para saciar su frustración.

Cuando tienes salud existe el equilibrio, cuando te entiendes con la familia y cada uno tiene su sitio, la añorada estabilidad es un edén floreciente en la tierra, en tu tierra, es un flujo constante de energía creadora porque todo es posible, donde hay abono habrá fruto.

En esta lucha cabalmente mía, subiré por ese ascensor hasta el piso 103 y cuando llegue allí contemplaré la gran ciudad abierta a mis pies, al principio sentiré miedo y algo de vértigo lo que sé es que subiré tan rápido que cuando este allí arriba se me olvidará completamente que estuve aquí abajo.

Extraído de (Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos) Pág 24 . Yolanda Valenzuela
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