lunes, 29 de diciembre de 2014

Le siente. Yolanda Valenzuela (Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos Pág. 21 )



Vuelve a retomarle la remembranza, cuantas veces había dicho que solo quería transitar, cuantas veces supo cual era la conducta correcta y opto por la incorrecta.

Los shocks son como una pesadilla de la cual nunca parece que vayas a despertar, nada más que decir al respecto, en su crepúsculo se niega a transformarse en algo sutil.

Desaparecer con el tiempo que las huellas del viento marquen su paso, corredera es la lumbrera de su alma, aguarda la oportunidad en una marea sin sueño.

En un mundo de vivaces en el bolsillo con otro de caídos en la cabeza, el triste sin sombra que se decapito  una vez tan solo es muchas palabras y solo una repetida le salvará de ese pesar.

Petardo a la fuga sin zapatos ni calzones huyo al desahucio cómo un fugitivo, no se le ocurrió más intentar desaparecer, ni revelarse sin causa, pérdida identidad, manejo de su autoridad.

Todo lo demás le sobra, quemaría los desperdicios de lo que le quedo, sino fuera tan sumamente inútil e estúpido a la vez iría al desguace a cambiar las piezas de su motor.

Tan increíblemente inservible y mentecato, no quería unas nuevas, quería las que tenía en mejor estado, la esencia pura la tenía desde el día que decidió olerse desde dentro.

Inspirador era su sonido, divinos sentidos  ¿Donde los propuso, con quien los puso y donde se quedo lo que le falta? Seguir la trinchera límite entre su embocadura y mi acceso.

Ya no le rendía a una cleopatra despiadada que solo quería su cabeza y para colmo se le acabo la cerveza, poniendo en peligro su sistema arrojadizo, matándose a lo tonto por placer fingido.

El que se queda a medias, nunca pronuncio las palabras, se quedo en la puerta esperando a que le abran, la lluvia se ha llevado al cauzal adecuado el tiempo que transcurrió inútilmente.

Millones de mentiras a través de letras, números y sendas inexploradas que contó, cree en tierra virgen, le gusta imaginar el globo de la manera que más le convenga a su hambre.

Entre el vértigo y el engaño busca la razón comprendida de su corazón santo, mártir por un lado, penitente por otro, milagroso el que se encuentra entre los dos, sigue con retraso.

Caos operativo importante, cosas grandes que se cuecen en el dolor, aprendiendo de lo que le cuesta, sacrificando demasiado para llegar donde quiere, olvidándose de las pequeñas cosas.

Procede cobarde, desaparece la desesperación nerviosa, como escritura impuesta en una cuadricula recta se excluye de todo gozo por no pecar, sigue su melancolía como cosa mala.

Desintoxicar, no quiere dejarla ir porque está le hace eterno viajero y le da la vida aunque lo mate de poco, imagina un universo diferente con vacios claros sin ella, cargado de cosas suyas.

Incapaz de prescindir, como un muñeco roto y sucio, como un diablo a su pecado, como el poniente en su pelo le siente tanto que es completamente incapaz de articular sin miedo.

Canción bonita prisionera de unas cuerdas de oro en arpa de platino, dentro del palacio de bronce con unicornio de cristal, poesía en esbozo, vida dibujada que no puede colorear.

Sin salirse de la raya, valiente en su último intento resiste sabiendo que ya no le queda nada, se le acaban los refuerzos, subsiste en su soledad cromada cubierta de hielo y sal sin yodo.

No cura sus heridas las ensancha día a día lágrima a lágrima, corrida tras corrida, desafía al tiempo y al espacio aunque ya no tenga ni un ápice de superficie donde expandirse y sufrir.

Inventa, cara de perro encendido, no mira atrás porque nunca estuvo delante, colgado con ansia de voluntad resistente, en una corriente restringida se pierde y se lamenta.

Cordero sin rebaño ni pastor, león con hambre expuesto a cualquier callejera sin raza que pague por lamerlo, perdido en un seto sin diana donde cree ver una estrella que ya no le guía.

La sigue sin aliento por si acaso algún día está le lleva al destino deseado que en ningún momento mereció y que es incapaz de tener por merito propio.

Hace de un puño la pasión y revienta, vomitivamente le espera, la época de cambios importantes ya está aquí pero él no se ha dado cuenta, tiene sueños que no recuerda.

Anuncia el final de la tragedia, obra de teatro barato que el mismo dirigió y representó, le siente, inverso con la nube destrozada, lento en reflejos, con la sombra borracha de ella.


Extraído de (Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos) Pág 21. Yolanda Valenzuela
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