sábado, 1 de noviembre de 2014

Todo . Yolanda Valenzuela (La alevosía clandestina de mi verdad)



Para el escritor la gran tragedia es quedarse sin papel y para el cannabico también…

La tinta como la sustancia es opcional, así demostró Sade aquel marques que le gustaba endillar y que le endillaran con gusto, hizo de todas sus perversiones su mayor virtud.

Me he dado cuenta de que las mías tienen poca virtud así que decidí cambiarlas, si…. Me gustan los hombres jóvenes, los apretados generosos y peludos, los rubios, las rubias y los italianos sobre los franceses, españoles y catalanes, los morenos y los indios sobre todas las cosas.

Presente encima de la mesa demasiadas preferencias tantas que podría acostarme con cualquiera de ellas por solo darme el contento y de gustos tengo muchos y muy reformados.

Los andróginos toda una delicatesen para cualquier especialidad al no estar definidos están dispuestos a todo, los maduros siempre pretenden mandar aunque desean  alguien que los mangonee con gracia y alevosía hasta la saciedad.

Tengo boca todavía, a pesar de mis dolencias, caries y carencias, PUEDO permitirme lo que quiera, incluido un jugador de waterpolo, es una pena,  lo ideal sería un buen dentista apañado que le falte una buena amiga de verdad.

Me gustan las morenas voluptuosas en vuestro buscador se llaman Brunettes , me gustan las ardillas, los leopardos y los conejos cabeza de león, soy una gran cuidadora mis amigos dan fe de ello.

No me gustan los señoritos andaluces, ni los valencianos, tengo más preferencia por los gallegos, cordobeses, gaditanos,sevillanos,argentinos, brasileños, sicilianos, romanos y boloñeses.

No me gustan los johna poligoneros ni los que fueron tampoco, las chonakas ni los pseudo mafiosos de mercadillo y hostal.

Me gustan los pecosos, los pelirrojos y los religiosos con tendencias masoquistas, yo siempre ama, yo siempre tu ama…

Ahora puedes sentarte, callarte y barrerme la casa con tus manos, recogerla con tu lengua que ha de ser larga y gorda porque aquí hay demasiada mierda.

Me gusta morder intenciones, lamer los perjuicios como si fueran un helado stracciatella Ginellis , esos que me gustan tanto.

Me gusta la hierbabuena, la frambuesa, la lavanda y las fresas encarnadas, regadas con nata de esa que una vez se esparce pierde volumen.

Detesto las trufas porque al fin y al cabo son la esencia y el resultado del celo de un cerdo y eso aunque sea caro no es bonito.

Suave los cabellos lacios, loca por el rizado definido y natural, eclipsada por los ojos verdes marciano, los cafés de media tarde, huída por los azules y despavorida por los negros endemoniados.

Me gustan las manos largas, no me gustan los aguados los prefiero densos son más pesados pero se hacen interminables y en el acto se agradecen mucho, que huelan fuerte, que te impregnen de verdad.

Me gustan las bocas sabrosas que siempre quieren mas, los dedos decididos que se introducen sin miedo y seguridad, los pezones grandes, las buenas intenciones de mayo a junio pasar de noviembre a febrero caliente como una estufa antigua,  con su vecina , sus picatostes, bien entretenida y feliz.

El anís lo dejo para los infantiles que se mendigan suplicando por una mamada y a pesar de que lo hacen divinamente no se la come ni dios, que despropósito más grande e inútil…

Lo siento, dios esta aquí a mi derecha y acaba de eyacular en todas estas letras, sé que es cruel soportar tanta competencia, tanto éxtasis pero que se lo digan a mi gozo y a mis fresones extasiados.

Resulta duro disfrutar con tanto ojo egoísta, envidioso  e impertinente al acecho de mi orgasmo multi, la gloria maldice a los que piden clemencia, el exceso siempre es malo si es practicado con mediocres sin corazón que no reconocen la autentica savia de la vida porque andan demasiado cagados en sus pantalones,  como para dejarse llevar por lo importante de cualquier existencia sana.

El placer es solo para dioses, el resto es pura celebración, vivo en la alegría para esta bendición divina, esa que crece en los jardines llenos de amor, custodiado por ángeles de color con pollas doradas …

Los capuccinos son muy suyos tanto que dentro de su milano se estarán sacando las pupilas en este momento por tanto despliegue de lujuria escrita, lo siento mi amor…

Me gustan las lenguas carnosas, las que hablan en muchos idiomas y me dejan su acento en la piel, para que en un arrebato de tiempo pueda imitarlas y hacer que puedo hablarlas a la perfección yo también.

La libertad libertina no se esconde, esta aquí latente y a manos de cualquier loco que quiera manipularla, dejarla mal, ensuciarla y tirarla como un trapo que su puta madre encarnada en el mismísimo diablo utilizo después de limpiar una vitroceramica de las caras.

Está en mí como siempre, supongo que a mi futuro marido no le importara porque él es lo más importante, el principal de todos mis pecados que son muchos, tantos como para compartirlos toda la vida y reírnos de todo lo demás.

Al fin y al cabo tendremos toda la eternidad entre piel y piel para desearnos, para tenernos, para plasmar la lujuria de todas las maneras posibles, hasta que solo nos queden los huesos, el aliento y la fe…

Eso es todo lo que necesitamos para ser lo que somos, para ser lo que queremos ser y para convertirnos en lo que seremos, placer ven a mi yo seré todo para ti y el todo, es todo lo que necesitas para existir, para ser feliz.

 Yolanda Valenzuela
*Extraído de (La alevosía clandestina de mi verdad) pág. 22

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