domingo, 23 de noviembre de 2014

Su voluntad se desplaza.Yolanda Valenzuela (Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos Pág. 17 )




Hasta que los sueños no se cumplan, hasta que el deseo no muera definitivamente por una estupidez…
La soledad le come las entrañas, no sabe de donde sacar la fuerza para que no lo mastique entero, en su atroz particularidad con su horroroso llanto, la fiebre de los condenados le sube por las arterias haciendo que su sangre bombeé de manera dispareja.

¿Demasiada azúcar tal vez?

Apacentando el éxtasis de estar con problemas electrónicos que afectan sus unidades, formatea el sistema para volver a funcionar de nuevo.

Hoy ha visto una estrella fugaz y entre besos, muertes y una nota con contenido resistente se quedo.

Esperó que su deseo se cumpliera como deseaba, sin miedo, siempre con él fuera de la mesa, siempre con la turbación en la cuenta bancaria.

Su voluntad se desplaza varios kilómetros a la redonda, llorando, cantando siente que su amor de gente pende de un hilo invisible de recelos escondidos.

El amo de su mortandad solo espera detrás de la muerta a que llegue su hora de venganza, yo le sonrió desde la ventana y prendo velas a los santos para que mis posesiones estén bajo control por si acaso.

Guiándole lento con un amor ciego intentará llegar hacia donde desconocidos los sueños duermen, esperará que yo les despierte para hacerlos realidad.

En la disipada umbría de una noche oscura vio claro un destino negado a ser vivido, recordaba esas madrugadas infinitas desconfiando de mis palabras, asumiendo detrás de su locura que aturdía y manipulaba mi voluntad.

Como un tosco en esclavitud esperó el momento en que su acecho eterno culminó con la gloria del Satanás que llevaba dentro, cuidadosamente guardo las formas, arropó su vanidad, celosamente guardó el secreto de una obsesión, esperando, porque creyó que le esperaban.

Aparte de él no tiene nada, la luz se oculta bajo su presunción vestida de azul marino y unos náuticos de primera marca, los violines celestiales acarician un cuerpo azaroso al día, se sintió lleno porque había encontrado una parte y nada conseguiría enfriar su alma de ese sentimiento.

Por falta de musas, aumento las medidas, subió los totales, no reservo en episodios originados, solo deseó el sueño, ese que tú tienes, que mantienes callado y que el necesita como el respirar.

Y el milagro se obró casi a la vigesimonovena noche del séptimo mes en el tiempo inolvidable del velado tenebroso ya no tengo excusa posible para que el avance empiece a germinar resultado.

Hasta que los sueños no se cumplan, hasta que el deseo no muera definitivamente por una estupidez, el viento desconsolado y fúnebre, resucitará lo que está muerto, solo pedirá clemencia hasta que la justicia le dé el saber sin nada que esconder, pasará por sus años como un comienzo nuevo, un viaje hacia una seriedad más engrandecida, más sincera y más honorable.

El individuo será, el concebir se hará, el sentir del ser fatigoso que tristemente se esfuerza en seguir ahí, moribundo una noche de invierno se vio escondido entre los sueños de los demás y se volvió grande como una magnánima consecuencia salida del corazón más hermoso del mundo porque yo a través de mis letras volví a darle vida.



 Extraído de (Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos) Pág 17. Yolanda Valenzuela

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