miércoles, 27 de agosto de 2014

Siempre . Yolanda Valenzuela ( Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos )



Nada podrá nublar este esplendoroso sol, su rayo de energía, su son, esta canción que entono con todo mi amor.

La fortaleza que se desquebraja en ocasiones se vuelve a fundir, siempre se vuelve a recomponer si quieres, se endereza si te lo propones.

Ya no viene a visitarme el cuervo negro ansioso de carroña, ya no acojo a las polillas, ni doy de comer carcoma.

Un gato hambriento maúlla en mi ventana, otro en celo restriega entre mis piernas sus ansiedades, entre mis plantas unas mariposas blancas revolotean en lo que era antes un bloque de escarcha.

A veces ver ciertos resultados no deja de sorprenderme, este movimiento, esta dentera a tope, esa química adulterada, ese estrés que me mato, esa diversión maligna, solo puedo decir: - Ok, ya está bien.

Lo que disfrute, lo que viví, lo que goce fue algo experimental como yo, doy gracias a la prudencia por haberme salvado del abismo, me guie, solo puedo decir, lo pase, sobreviví y soy mejor persona que cualquiera que me encuentre en ese camino.

Aunque volvería hacerlo sin ningún tipo de duda, cuando piensas con una mente cuajada de todo, drogada porque quiso, dichosa porque será siempre una bombilla iluminativa de poder sagrado, reincides sin remordimientos.

La cuido y respeto, la mimo, es mi motor de este carruaje vital, no fallara aunque todo se empeñe, siento sus iras a cada kilometro recorrido por mis pies destrozados de bailaría retirada.

Tenebrosidades de negligencia y de ofuscación, no deberían preguntar, deberían de pensar en sus dudas y porque las tienen, no deberían perder el tiempo hablando de tal sacrilegio.

El sistema casi siempre es el mismo, siempre funciona igual, la cuestión es no rayarse mucho, ni hacerle rayas a los demás, demasiada actividad, en fin mucho de todo y poco de nada.

Todo es un proceso ablandativo de un proyecto compartido, importante, real.
Todo es avanzar, anteriormente todo es sufrir de una manera o de otra pero siempre por lo mismo y por los mismos, decía mi indio que sufrir es avanzar y aunque llores, mueras y vomites mientras estas avanzando, solo que tu no lo ves, hasta que no madura, tu ego, tu espíritu y tu corazón de invierno.

Yo soy el equilibrio, yo soy la harmonía, yo soy la paz actuando en mi aquí y ahora.

La membrana se rompe, se descuaja, solo con una válvula de escape se subsana, cuando uno precisa de la atención absoluta y no la tiene lo mejor que puede hacer es cambiar de cuidador y de mascota.

Día tras día sale a su encuentro, la sombra del tiempo lo va persiguiendo y poco a poco camina sin saberlo por el mundo de los muertos, hasta que una de estas mañanas en las que acabe su cabaret se encuentre con que ni tiene epitafio, ni tumba, ni funeral, echaran su cuerpo a las hienas y estas lo despedazaran con una ansia voraz.

Que nadie olvide que la gran sacerdotisa representa la polaridad pasiva de la mente, el aspecto subconsciente, el sueño en todas sus facetas, el sueño con ensueños y el sueño profundo en el que el concepto del ego es el todo, los sucesos, el tiempo y el espacio quedan anulados, su función más importante es la recogida de todos los datos que en forma de deseos y pensamientos le llegan, asi de una forma u otra ella siempre tendrá el poder.



©Lacomadrejaylalunaproducciones/monpetitartbonmarche by yles
 Extraído de (Arrieritos somos y en el camino nos estrellaremos) Pág 11. 
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