martes, 16 de julio de 2013

Nunca más. Yolanda Valenzuela


La piel perturbada por saber que podría ser, probable de que nadie esté a la altura de mi movimiento, dentro del ciclón ni todos somos iguales, ni todos somos lo mismo.

En las hechuras, demasiadas circunstancias, los pechos desnudos se consuelan con el aire que brota en mi ventilador una mañana de agosto alegre.

Tantas circunstancias como besos volqué en tu universo para que me hicieras esclava de tus labios, de tu pecho, allí donde nadie repara en nombres, allí donde hundimos la cabeza para
separarnos del resto, allí, pérdida en la conciencia de un tiempo hostil, nadie se atrevió a desvelar el secreto y yo que soy nueva tampoco lo desvelare.

Un misterio se hace pequeño antes unas grandes ganas, ni por toda la intriga del mundo moriré entre las armas de nadie, afilada tengo la espada, nadie vendrá a encender farolas y a edificar en terrenos invisibles NUNCA MAS

Nada me vale, aburrida, solo es un espejismo que pasara por delante de mí como todos los demás, harta de cazar fantasmas…
Dios cuanto te odio, espero que pagues tan caro por tu inutilidad como yo los placeres que otorgue a los lacayos, espero que la suerte te acompañe porque tú también la necesitaras para aguantar mi falta de fe.

Tan dentro de mí, tan lejos de ti...

Desde lejos vienen adelantándome un tiempo que llegara a mi desierto de las vanidades, estoy preparada para sentirlo de nuevo, estoy preparada para combatirlo, para acunarlo en la noche sin estrellas, bañarnos con el sol del mediodía, sentarnos en ladera sin vértigo, prepararnos nuestro mejor rocío.

En esta muerte me contoneo, siento que me desvanezco de las llamas del infierno, todos los genios me ahogan al mismo tiempo, el compás contenido con la ira que sintió la nobleza varada en algún puerto meridional.

Vuelvo acabar donde empecé, cuando las palabras toman sentido y dejan de ser poéticas, se convierten en absurdas y pierden su brillo original…

Apuesto por los sueños porque estos siempre cambian y los puedes tunear como te dé la gana.

Sola, conmigo a la vera del camino del cual no tenía que haberme desviado jamás, eres el error, puto como todos los demás.


Me pregunto dentro de mi soberana idiotez cómo ni por un segundo pensé que eras especial, lamento tanto no haber acabado contigo cuando tuve oportunidad, total cualquier estupidez te vale para odiarme cada vez más.

Gran fardo de cólera, acervo de hienda en mi palacio de cristal…
Esperando el momento de tocar las estrellas, ante tanta complejidad, ante tanta payasada, menear otra vez, no sigo por caminos que no conducen a ninguna parte y eso que parte de mi permanece inconsciente todavía.

Tras un niño con sombrero de caballero, tras una quimera que mata lentamente, tras una
esperanza que no es de color verde esmeralda.

Con la poca lucidez que da una pasión loca, con toda la verdad a cuestas, las ganas truncadas por un apetito imposible, con atención pongo las pocas ánimas en una vasija que más tarde derramare.

En el nombre de lo que fui, soy y seré fui bendecida a partes iguales…

Si todo fuera como tendría que ser aprendería de un amor depravado, egoísta como todas esas cosas que habría que no mantener, estoy yo misma y todavía no sé cómo me busco todo aquello que ya no necesito más.



Yolanda Valenzuela
*Extraído de (Estancias) Relatos y otras mandangas Pág. 23
A todo/as los petardos perdedores, enhorabuena ya podéis copiarme, gratis y sin censura.

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