martes, 15 de febrero de 2011

Luciérnaga solar.Yolanda Valenzuela.(parajes de una desconocida 2010) mitos, rimas y leyendas


El sol que le apetece entrar por mi ventana, al que no veo desde hace semanas, esperando impunemente desde algún rincón, espero, espero y espero su rayito de luz.

Ya no se que mas puedo decir, que promesa he de cumplir, como el primer día en que lo vi, solo quiero que me ofrezca su luz de nuevo, para que pueda continuar de vuelta al honesto mirar de mi vida.

Sincero en intención, deslumbro con un son que mi tambor tardo en marcar, un arrastre de pies solo será suficiente para que la luciérnaga salga de su letargo, encendiendo su cola en señal de agradecimiento.

Hará su cortejo para luego explotar y evaporarse con el viento, entrando por el mismo lugar que vino, rechazando todo por nada y anunciando una vuelta que apoteósica se vuelve triste.

Por su tardanza ahora solo camino por el borde de un precipicio de azúcar, me quedara la ansiedad que parecía mía, de ella, aquella que fui.

El huracán que sopla desde lo más profundo de mi alma hace brotar de mis cuerdas a mi cuerpo, volando llegare al éxtasis más absoluto con tan solo una mirada.

Ahora creo que es el momento de renunciar a lo que fue nuestro, a lo innato del ser que humano resiste ante un tuerto acuerdo, a una muerte anunciada, al cambio que soñado se señala a la hora que acorde.

Yolanda Valenzuela
*Extraído de (parajes de una desconocida 2010) mitos, rimas y leyendas Pag 13
A todo/as los petardos perdedores, enhorabuena ya podéis copiarme, gratis y sin censura.
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miércoles, 9 de febrero de 2011

Poesía perturbada.yolanda valenzuela.(Estancias) Relatos y otras mandangas

Lo que llevo puesto esta esencialmente sensibilizado, insiste en un objetivo claro y conciso, solo la piedra filosofal podrá crear este halo de misterio a su alrededor…hasta convertirlo en puro hechizo.

Como si de una corriente de viento se tratara, muevo la masa de aire en mi atmósfera, busco sus coordenadas, la fórmula adecuada para conservar el cutis firme y luminoso como el primer día.

Concibiendo el amor que yo siento también,  en un helecho de paja, pagano, siempre en su zona, se limita a limitar lo poco que le queda por subsistir.

Siento que todo se eleva a la séptima potencia, elabora un plan estratégico, me quiere llamar a filas, alistarme en su marina y sonreír de manera fingida.

Conozco una sensación clara de pobreza del alma, como si no fuera conmigo, como si no supiera cómo se empieza una aventura sin riesgo.

Me conecto a la onda que me paga el centinela, que en su inconexa locura acrecentó con un éxito arrollador una estupenda situación que yo disfrutare algún día.

Muy profunda la herida brota de mi boca, siendo un manantial de poesía perturbada, tocada, como una madre que acaba de perder a su hijo por una grave enfermedad, en un atropello de tiempo, sueño con un palacio de puertas blindadas donde me sienta realmente protegida y respetada.

Ya no tengo noción de cómo ni cuándo fue admitido este delirio que no entiendo, espero sacar algo de provecho, no sé si lo echo de menos, no sé si dio por sentado o goza de mi olvido en total libertad como yo gozo del suyo.

Yolanda Valenzuela
*Extraído de (Estancias) Relatos y otras mandangas Pag 13
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jueves, 3 de febrero de 2011

Entre el vicio y la virtud.Yolanda Valenzuela.Extraído de (parajes de una desconocida 2010) mitos, rimas y leyendas


Recibió con una gran bienvenida a la ilusión barata que estaba a la venta, se consoló con las migajas que le iban dando, su hambre era infinita, crecía y crecía a cada minuto.

Conoció al enemigo, no tenía armas para combatirlo, no concentro el poco poder que tenia para acabar con el de una vez por todas.

Se preguntó si la valoraba lo suficiente, si iba a seguir creyendo eternamente que iba de farol.

Se preguntó que respuestas se daría cuando lo desertara, cuando ignorara su amor castúo y paternal.

Con todo el dolor de su corazón tuvo que hacerlo, la situación no la estaba llevando al lugar de sus sueños, al lugar acordado.

Le había estado destrozando la vida, se estaba fumando la poca cordura que le dejo y ya no sabía si podía seguir aparentando que su vacio no le llenaba el alma.

Él había sino capaz de dejar morir su latido, aquel que vivía en libertad como los salvajes en su cautividad rodeada de extraños lobos con ojos azules y pelo rizado.

De repente se vio inmerso en los errores generalizados, ahí dentro con todos los borregos insatisfechos.

Ella estaba tan triste que pudo llenar el embalse de su mediocridad con litros de pena.

Sin remediar el holocausto de lo que fue de su legitima propiedad, con el mínimo esfuerzo posible, con el sacrificio justo, con las ganas mínimas y las ilusiones olvidadas, conjuntamente con todos sus desechos, fueron perdiendo tantas cosas que, ni objetos perdidos no encontrarían el resto.

Porque ya no daba igual, recibir en primer lugar la gloria efímera para recibir después la angustia más absoluta, no podía sufrir por alguien que ya no merecía su compasión, dio un pleno al quince curándose en salud eligió el vicio que ya tenía mucho de virtud.

Ahora que ya conoce al diablo y su arte majestuosa de joderlo todo, solo puede decir ¡virtud, virtud!

Yolanda Valenzuela

*Extraído de (parajes de una desconocida) mitos, rimas y leyendas Pag 12

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