sábado, 25 de diciembre de 2010

Un fantasma en el cuarto de mis juguetes.Yolanda Valenzuela.( Estancias )


Deposita su interés como si no fuera una banalidad, como si no fuera otra superficialidad más, como si fuera tan fácil balancear a la emperatriz en plena expansión universal, que se presenta seductora como un cofre cerrado a cal y canto en el fondo del mar.

Acompaño a las sirenas en su viaje hacia el paraíso, sin saber nadar me dejo llevar por las olas que por obra y gracia de la luna llena, me hacen ser otra persona, aquella que sale de mi cuando nadie me acecha por la ventana de mi pequeña desgracia.

Pero Neptuno no quiere rendir cuentas con Mercurio, como explicarle a Saturno que no pasara por su Marte nunca, porque Venus esta de picos pardos con Urano.

La cuadratura cósmica me hace revelaciones que yo no puedo asimilar en este momento, se que es el estado que me llevara a la absoluta gloria como invento de la física y de la química pero nunca se me dieron bien las matemáticas.

Gastar,
Invertir,
No regalo prestamos sin orgasmo seguro, con el doy los interés que suelen ser altos, inasequibles para un liliputiense como él.

Se empeña en chulearme como si pasara por una plaza llena de palomas y tuviera los bolsillos llenos de pan, cual caballero en plena ebullición social se pasea por mis sueños como si tuviera más importancia que mi propia verdad.

Osado, atrevido niño chico, que lastima en esta noche sin mantas,
Qué pena de nana sin cuna,
Sin bebe soñoliento,
Desvalido sediento de adoración, protagonismo y amor sin precio.

La piel me cambia, cuando siento su fuerza, tan dentro, tan cerca que casi puedo tenerla en mi biblioteca, como una novela de amor más, de esas que no he leído nada más que el final.

Con respuestas para todo, con el tiempo justo para las gilipolleces de la edad, sin entender mi castellano que vano solo quiere gritarle que se vaya cuanto antes por si acaso tengo la osadía de amarle.

Pecado entre todos, suave, concentrado en una esencia increíble para los pasos que dio su vida, alma de viejo, cuerpo de arrogante, creyendo que su reino de mentira es de verdad, que él lo vale y que los demás son solo muertos.

Cuando el primer muerto es el…

Echo de menos los besos que nunca tuve los que se quedaron anclados en la nave que partió al sol, lejos de mi se quedara una sonrisa, aquella que en realidad no vi nunca, se quedara su presencia como un fantasma mas en el cuarto de mis juguetes, que iré a visitar cuando recuerde donde se esconde.



Yolanda Valenzuela
*Extraido de ( Estancias ) Relatos y otras mandangas Pag 10
A todo/as los petardos perdedores, enhorabuena ya podéis copiarme, gratis y sin censura.
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