lunes, 29 de noviembre de 2010

Valentina 1ª parte. YolandaValenzuela. Transmutación cinematográfica de mi interior.

La maceración de los días no están solo un hecho de maduración y superación, los momentos se cuentan con los dedos de la mano, el honor por bandera me inscribe un nuevo tema de conversación, que adaptare algún día para alguna novela de acción.

Con letra pequeña escribí otro amor que me observaba paseando con menos que lo puesto, de tallaje una camisa suya, en el cuello un collar que me regalo, en la mano una copa de vino, sin mirar atrás, me detuve, sin nada debajo de su algodón, me percate cerca de un carrusel de que estaba allí…

Con miedo al ver su cara su risa me despertó, al darme la vuelta la sorpresa fue mayor, disponiendo del juego que da el deseo con la inocencia inconsciente de un niño, bromeo con desdeño de aquel momento, tomándome de la mano, mirándome de arriba abajo.

Paseamos juntos apreciando la belleza que da una joya y poco mas, bebió de mi copa, sonrojadas las mejillas me ahogaron el alma, haciéndome recular en el intento, desprendiéndome de lo puesto salí corriendo a mi manera, todavía sin creer, entre en su dominio.

Él hacia lo que mejor sabia hacer, obcecado en el empeño de superarse, no tardo ni dos segundos en distraerle mi presencia, con tambores a mi paso marco mis huellas con un ritmo inventado, ilumine la habitación y él me lo hizo saber, se sentó a descansar y me invito a su respiro, la vergüenza inundo el aire y recordé unas palabras descaradas que me quitaron el aliento.

Su memoria seguía intacta aceptando su causa y efecto, admitiéndolo, reiterando el hecho, a punto de estallar en un millón de besos, el pánico se apodero de mí, me levante y me fui, dejando una disculpa, dando las gracias con educación, con una bonita canción…

Tuve un encuentro con unas flores, que me seguían anunciando su llegada, todavía sin poder mediar palabra, eterna en mi estupefacción estúpida, me prepare sin demasiadas ilusiones algo divertido y natural, la casualidad hizo el resto.

Preparada pues toda una parafernalia a lo Luís XIV, me dejo entrar al palacio por la puerta principal, la emoción me embargo como si el banco fuera a quitarme la casa, perdiendo mi litera y ganando un dosel previamente ornamentado, creí desmallarme ante tanto fetichismo del caro.

Al presentarse como tal, no pude hacer otra cosa que reír, desmontando la naturalidad, espolvoreando sobre ella polvos de talco, apretando las cuerdas a modo de corsé, sujetándome el pie para cubrirlo con un zapato de cristal.

No faltaba la brillantina, ni las guirnaldas, ni los pavos encima de la mesa, el vino corrió con alegría, los bailes eran alborozados, las distancias se acortaban, las pelucas se cayeron al suelo, en un ataque de entusiasmo me vi metida en un viaje, volando por encima de los mares, llegue a un lugar paradisiaco, madera de suerte la mía en aquel sueño…

Una gran piscina donde sumergir las intenciones que me llevaron hasta allí, cambiando la letra y el tono, cuando cantaba el gallo, aparecí despampanante sin ir vestida de novia y los tulipanes adornaban una escena a la romana.

Me consto tanto retomar el hilo, concentrarme en ello, pues ya salía el sol y agotados los cuerpos encontraron un poco de calor. Como si estuviera en casa me beso, concediendo así uno de los tres deseos.

Él genio se desposo y se entrego a la más absoluta pasión, sin poderlo escuchar para deleitar mis oídos, para despertar a esas palabras que no salen en este momento, para echar marcha atrás y empezar de nuevo todo esto, queriendo una y otra vez revivir el momento, me canto una canción al oído, me dijo que estaba solo, que sentía que la muerte le pisabas los talones, sintiéndolo cerca, casi traspasándome el cuerpo.

Postergando lo que él quería que fuera mío, trabajándome a cada milímetro, me graduó en temperatura, las caricias que él creía robadas, llegando a un punto interesante me vacilo, quitándome mis juguetes y haciendo trampas en sus cartas.

Como un guiño del destino, fui a por regaliz, me encontré con una disposición enorme, con una proposición indecente, con un piano que tocaba un fantasma y hasta con una ranita que me sonreía feliz…

Se volvió duro, con una crudeza pasmosa se sincero, abriendo una puerta y dándome las llaves de otra por si me interesaba investigar, su cuerpo era fuerte, levanto las palmas de sus manos para notar mi energía, yo marque con una cruz en su frente y le di un beso con sabor a vainilla, me dijo que estaba enamorado, me elevo para luego depositarme con cuidado en un sitio seguro donde él pudiera sentirse seguro también...
Texto integro

Valentina ( 1ª Parte )



*Extraido de ( Valentina ) Parte 1ª

Yolanda Valenzuela
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